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lunes, 24 de octubre de 2016

Con la tributaria ojalá se depongan los intereses personales.

Por: José Renán Trujillo

José Renán Trujillo

Como era de esperarse; la presentación del proyecto de reforma tributaria estructural, ha generado todo tipo de consejas.
 
Recordemos que, una cosa es el texto de un proyecto de ley  que ingresa a estudio del Congreso; y otro muy diferente, el que finalmente sale aprobado después de pasar por el filtro de las comisiones constitucionales permanentes  que se ocupan de los temas económicos. Y otro texto muy diferente es el que sale del estudio de las plenarias. Y si no se pone el cuidado suficiente;  otro es el texto que finalmente sale aprobado, al surtirse el proceso de conciliación entre una cámara y otra.
 
Además, los partidos políticos enfilan sus baterías.  El partido liberal interesado, como está, en la elección de uno de sus militantes como Procurador General de la Nación; Desde hace un buen tiempo ha notificado al gobierno sobre su intención de no aprobar esta reforma por considerarla inconveniente e inoportuna especialmente por traer, según Horacio Serpa, puntos que podrían lesionar los intereses de los sectores más pobres y de la clase media colombiana.
 
Uno de los temas que por ejemplo fomenta el liberalismo; es el de los impuestos sobre los dividendos que según anunció el vocero de la comisión de expertos, ha quedado prácticamente diluido.
 
Entre tanto, voces del Partido de la U, del Polo Democrático, del Centro Democrático y del Conservatismo, se han escuchado sentando posiciones de gustos y de disgustos.
 
Al escuchar al Ministro de Hacienda decir que esta reforma tiene el propósito claro de promover el empleo y la inversión, pareciera más una convocatoria a los partidos para que promuevan un carácter social de empuje al país, que la convicción real del no atropello a los sectores menos favorecidos y al favorecimiento de las grandes empresas nacionales e internacionales.
 
Mucha agua falta por correr debajo del puente. Ojalá que los intereses personales se depongan; y brillen los liderazgos que impidan el pupitrazo para defender los intereses del país y de los humildes de la patria.
 
Para finalizar, hoy tengo mi Post Data al oído de las autoridades competentes de la ciudad: ¿Qué pasa con nuestros monumentos? No hay derecho que un grupo de indigentes nos hayan destrozado el Monumento a la Infancia
y que hoy, nadie se haya pronunciado.¿Será esta la cultura ciudadana de Armitage?

jueves, 29 de septiembre de 2016

A partir del lunes;debe abrirse un debate de carácter nacional

Por: José Renán Trujillo

José Renán Trujillo
Soy del criterio  de que a partir del lunes debe abrirse un debate de carácter nacional. Y para quienes hoy ostentan las jerarquías de los partidos existentes en el país, se viene una inmensa responsabilidad.
Esas jerarquías, en mi sentir, deben adelantar un debate conjunto de la mayor altura; porque las tesis que se sustenten y las consecuencias que eventualmente resulten van a ser de tanta importancia y magnitud en la vida de la república, que sería muy equivocado  pensar que solo pueden interesarse en ella algunas colectividades políticas prescindiendo de las otras.
Sobre el Congreso de la República recaerá una de las mayores responsabilidades: qué va a ocurrir sobre el desarrollo del proceso electoral futuro. Si va a haber y cuáles garantías para unos y para otros y si vamos a tener las posibilidades no solo jurídicas sino físicas y materiales de hacer un pronunciamiento favorable o adverso, a las cosas que están ocurriendo en el país, sin peligro para nuestra propia felicidad.
Independientemente de lo que hasta ahora se ha dicho; se esté o no de acuerdo con ello, en el congreso  todos están con algún grado de inseguridad más que de temor: los de la U, los Conservadores, los del Partido Liberal, los de cambio radical, del Centro Democrático, del Polo, los Verdes y los independientes; en general todos respetan la existencia de los partidos políticos, y los consideran útiles para el debate democrático; respecto de la posibilidad que seguramente se abrirá con el respaldo mayoritario al Sí en las urnas, de que se realice un proceso electoral pacífico en el que se respeten  los derechos de todos los ciudadanos a exponer con libertad su pensamiento a través del sagrado mecanismo del voto universal directo y secreto.
Muchos minimizan este tema y no le otorgan la importancia debida. Pero esa es una clara demostración de los peores síntomas de la decadencia de la democracia colombiana y la pérdida de fe de los colombianos en la importancia de la función electoral sin la cual, no sé de qué manera, podríamos garantizar el sistema de funcionamiento republicano y el mantenimiento del régimen constitucional.
Ojalá se diera ese debate, sin confrontaciones o retórica inútil. Con la sensatez de argumentación que exige el momento al aproximarse la presencia en la vida nacional de un nuevo actor de la política; a los que  sin duda hay que decirles, parodiando al Presidente Santos: “Bienvenidos a la democracia” pero con todas las garantías.