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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Propuestas populistas son contrarias a legislar seriamente.

Por: José Renán Trujillo

José Renán Trujillo

Sin rodeos digo con toda claridad que no he sido partidario ni de la pena de muerte ni de la cadena perpetua. He sido en el curso de mi vida pública, un defensor de lo establecido en la Constitución de 1991.

Desde mi primer periodo como senador de la república; curul desde la que ejercí con convicción la defensa de la constitución, he sido amigo y defensor de mantener la prohibición en la carta magna tanto de la pena de muerte como de la cadena perpetua. Y en diversas oportunidades fui partícipe de debates promovidos por colegas que buscaban la reforma de la Constitución para implementar las dos figuras.  El tema no es nuevo en el escenario nacional.
 
A raíz de lo sucedido con la niña Yuliana Andrea Samboní,  y la entendible ola de indignación que tal hecho ha causado; nuevamente se han levantado voces en favor de la reforma constitucional.
 
Nuestra justicia es tan endeble, que mucho me pregunto hasta qué punto esas dos figuras, en manos de nuestros frágiles exponentes de la justicia, serían aplicadas con objetividad y como producto de suficiente carga probatoria para demostrar verdaderos culpables y no para condenar pobres inocentes.
 
Comparto plenamente lo expresado por la Comisión de Política Criminal en el sentido de reflexionar sobre la pertinencia, la conveniencia y la justicia de las iniciativas y no simplemente tramitarlas y aprobarlas bajo el argumento de tener un amplio respaldo popular.
 
Hoy, nos hierve la sangre por el crimen de la niña Samboní. Mañana, por apresuramientos, podemos estar lamentando cadenas  perpetuas o penas de muerte injustificadas.

Ese tipo de propuestas extremas no pueden volverse la solución a todo. De fondo hay que pensar cómo rediseñamos nuestra estructura formativa social y familiar. Pensemos con cabeza fría: Si somos un territorio de paz no podemos andar por ahí pidiendo la muerte para otros. 

Por más indignación que tengamos por el caso de Yuliana debemos pensar que la muerte no soluciona nada. El daño ya está hecho. Ahora debemos dejar que nuestra justicia opere y ser juiciosos veedores del proceso. 

Y más bien preocupémonos por garantizar que los ciudadanos del futuro sean verdaderas personas de bien. 

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Qué más democracia piden los líderes oposicionistas?

Por: José Renán Trujillo


José Renán Trujillo
Desde el ángulo de un dictador que pasa por encima de la Constitución y la ley; se podría alegar que no era necesario recurrir a alguno de los mecanismos de participación ciudadana previstos desde 1991 en nuestra carta política, y desde 1994 en nuestra legislación.

Si se mira desde la óptica de un demócrata integral; se le otorga todo el valor a la convocatoria que hiciera el Presidente Santos para que el pueblo aprobara o rechazara el acuerdo al que finalmente se llegó con las Farc después de cinco años de conversaciones o mejor; de negociación.

Me quedo con la segunda postura. 

Y para nadie es novedoso lo que ayer afirmara el jurista italiano Luigi Ferrajoli, considerado como el papa del derecho penal, al decir que el acuerdo para lograr la paz, no tenía por qué ser sometido a un referendum popular. Sus palabras textuales fueron: "El referendum no era y no es necesario para legitimar la paz, y mucho menos era y es suficiente para deslegitimarla”.

El país lo sabía. Y con suficiente antelación el Presidente Santos anunció su compromiso de llevar a refrendación popular el acuerdo con las Farc.

Y advirtió, con transparencia y absoluta claridad, que aunque no era necesario porque se encontraba facultado por la Constitución y la ley para firmar en nombre del pueblo colombiano, prefería que fuese el mismo pueblo quien expresara libremente su voluntad en las urnas.

¿Que corrió un alto riesgo? Naturalmente. 
Lo sabía y con plena conciencia se sometió al escrutinio del dictamen popular. Y lo acató sin dubitación alguna a los minutos de conocerse el resultado del escrutinio.

Por ello se sale de cualquier consideración; al menos de un ser humano sensato, que siquiera se insinúe, aun en los mentideros de esquina o de café; que las instrucciones de Santos estén dirigidas a pasar por encima del pronunciamiento popular.

¿Qué más demostraciones de democracia aspiran tener los lideres oposicionistas? Otra cosa es que se quieran aprovechar de su talante para avasallarlo imponiendo el favorecimiento de intereses personales. Quien eso piense, no se dude, está inmerso en una profunda equivocación.



lunes, 10 de octubre de 2016

"La fuerza de los jóvenes; se está sintiendo con decisión".

Por: José Renán Trujillo

José Renán Trujillo
Durante los años en los que vivimos la guerra, la llamada resistencia civil dio cuenta de aquellos pueblos que se negaban a que sus territorios se convirtieran en campos de guerra. 


Y desde la semana pasada, con todos los episodios que desencadenó el plebiscito, hemos venido presenciando otro tipo de resistencia civil y pacífica liderada por los ciudadanos más jóvenes de nuestro país. 

Esta vez ellos han salido a las calles, han invitado y se han movilizado masivamente no para rechazar, repudiar, reclamar o exigir lo han hecho para expresar, desde el silencio, que la paz es un derecho y que es justo y necesario

de que esta toque las puertas de cada uno de los ciudadanos colombianos. 

Han optado por hacer de sus aliados a la música, las artes escénicas y demás expresiones culturales y artísticas para expresar su deseo de querer vivir en un territorio pacífico. 


No son partidarios ni del Sí ni del No, son militantes de la verdad y de la sana intención de que se dejen a un lado los colores políticos y que todos y cada uno trabajemos en sana convivencia en un país que está llamado a escribir una nueva historia.  

Desde la semana pasada, bastante convulsionada por cierto, nuestros jóvenes han venido tomando un protagonismo inusitado, al punto que tras una de las primeras manifestaciones cumplida el miércoles en Bogotá, uno de los primeros en reaccionar fue el vocero de las Farc, Iván Márquez, quien a través de un trino expresó “Ante ese respaldo multitudinario de Colombia a la paz, juramos no dar marcha atrás”.
La displicencia de quienes no creen en la fuerza de la juventud, además de su reprochable actitud; demuestran tener muy mala memoria. Quizá por ello viven tan alejados de la realidad nacional.

Olvidan, por ejemplo, para solo mencionar un hecho relevante en la vida del país, el movimiento de la séptima papeleta. Los jóvenes, en aquel momento, con perseverancia, sin atropellos, con la palabra como única arma de combate, insistieron de tal manera en su propósito, que lograron su objetivo y contribuyeron con su decidido accionar a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente cuyas deliberaciones concluyeron con la expedición de la Constitución Política que desde 1991 rige la vida nacional.
Muchos intentarán quitarle valor a estas expresiones juveniles tildándolas de reacciones coyunturales, pero hay una gran verdad que debemos reconocerla fuerza de los jóvenes se está sintiendo con decisión.
Es muy grato observar estudiantes de las diferentes universidades caleñas llevando, con orgullo, pancartas con una frase sacada del glorioso himno de Santiago de Cali: “nuestros padres ganaron la guerra y nosotros ganamos la paz”.
Muchachos: ¡No desmayen ni por un segundo! Ustedes representan nuestro vibrante futuro.
Buen día. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Humberto de la Calle es garante,de haberse preservado la Constitución

Por: José RenánTrujillo

Foto: José Renán Trujillo

Humberto de la Calle además de sus reconocidas capacidades como jurista, sustenta sobre sus hombros dos privilegios: el haber sido ministro de gobierno de Cesar Gaviria y haber actuado como  guardián de la reforma a la Constitución de 1886 que culminó con la expedición de la Carta Política de 1991; y el haber ejercido, como jefe del equipo negociador  del gobierno en los diálogos de La Habana.
 
Y afirmo que son privilegios porque conocer las normas jurisprudenciales, constitucionales y legales; le otorga un bagaje amplio para saber cuáles eran los límites o líneas rojas hasta las que podía llegar en la negociación de los diferentes puntos de los acuerdos que llevaron a la firma del acuerdo final con las Farc, sin rebasar los límites establecidos en la Ley.
 
Solo la experiencia y el conocimiento podían brindar la garantía que hoy podemos tener los colombianos al saber que no se han violentado las normas de nuestra constitución sino, por el contrario, ser conscientes de que se han preservado de tal forma, que seguirán siendo la base fundamental para que el Congreso pueda proceder a la expedición de las leyes que se requieran para brindar el soporte necesario de blindaje jurídico al acuerdo que será objeto de firma oficial el 26 de septiembre y de refrendación en las urnas el 2 de octubre.
 
De la Calle, además, por su condición nadaísta es un pragmático; y como buen lector, un pedagogo que, con lenguaje claro, sencillo, directo, ha ido logrando en sus variadas entrevistas de televisión, radio y medios escritos hacerle entender a los colombianos el farragoso texto del acuerdo. Cada vez que sale un alto protagonista de la vida política nacional con algún tipo de equivocación en la interpretación y comprensión del texto, de inmediato tiene la respuesta concreta que con paciencia y buen ánimo le esgrime Humberto de la Calle para convencerlo con su acertada argumentación.
 
Con sus salidas está cambiando lo supuesto a lo  verídico, la desinformación a lo redactado y acordado oficialmente, la tergiversación malintencionada, al escenario  de lo irrefutable.
 
Ese estilo de pedagogía es la que se requiere, para que cada colombiano entienda y se entusiasme en ir a las urnas.